Deconstruirse para Reconstruirse

Deconstruirse para Reconstruirse

No hay un día que pase que de alguna forma no cuestione la cultura en la que vivimos.

Quizás lo más extraño que me parezca de este ejercicio, es que no hace tanto tiempo era una ciudadana más con cuestionamientos casi nulos y pensamientos poco consternados al rededor de un montón de causas diferentes. No voy a decir que era ajena, porque he tenido amigos o conocidos que han profesado ser activistas, o veganes o feministas varias veces, pero mirando hacia atrás si puedo sentir que estaba en una burbuja donde las cosas simplemente no me llegaban. Recuerdo opinar sobre marchas con destrozos de propiedad pública adhiriendo al tan nefasto “eso a mi no me representa” o llevar galletitas a una juntada y que un amigo las rechace por tener leche y huevos, y quedar un poco extrañada.

Digamos que hace unos dos años nada realmente me afectaba.

En ese momento ya hacían aproximadamente cinco años que no miraba televisión, desde adolescente consideré cancerígenos los programas de TV pública, y mucho más los noticieros, por lo que mi ventana al exterior era internet, y en particular Twitter que me servía tanto para hacer catarsis como para actualizarme.

Creo que si hay algo a lo que le tengo que agradecer por pinchar esa burbuja es a las innumerables personas que a través de sus redes sociales generaron contenido informando, desde el respeto y desde la apreciación al otro, tomando la ignorancia no como falencia sino como un resultado cultural. La facilidad del acceso a experiencias reales, historias contadas desde lo vivido o estudiado, médicos, científicos, y otras personas confluyendo en un mar de información al alcance de todos, para mi fue y es invaluable.

Hace dos años estaba cursando comunicación, y debo decir que fue una de las puertas a mi razonamiento. Como diseñadora gráfica y comunicadora visual, el lenguaje es sumamente importante, es por esto que en materias como comunicación se le da énfasis al poder del lenguaje y la cultura, cómo están intrínsicamente conectados entre si, y cómo ésto afecta a los diferentes individuos, cómo el lenguaje nos da forma y la importancia que le debemos prestar. Por ejemplo, hay muchas tribus que no conocen la palabra depresión, por lo tanto para elles tal condición humana no existe. No tan lejos, y en nuestra cultura no hay una palabra que defina el odio de la mujer al hombre, por lo tanto eso para nosotros tampoco existe. No puede “ser” si no se puede nombrar.

Entre libros de texto y posteos, el feminismo me encontró, y de solo escribir la palabra, mi cabeza ya comienza a dar explicaciones, porque hay tanta gente desinformada que todavía piensa que es algo negativo, que es pintar paredes y matar bebés, y no depilarse y prender fuego cosas, – que debo acotar-:  Si creés en la equidad (socio politica, cultural, económica, laboral y de oportunidades) para hombres y mujeres y nada más, basicamente sos feminista. Si crees que un nene de 6 años puede ser libre de llorar sin la necesidad de que le digan “nena” o “maricón”, sos feminista.  Si crees que un hombre debería poder tomarse el mismo tiempo de licencia por paternidad que una mujer que recién tuvo un hijo, sos feminista. Porque el feminismo no es ir a una marcha, ni pegar un cartel, ni escupir una iglesia. Es tomar una postura, aceptar que hay cosas que están mal, que deberían ser cambiadas, y que detrás del sistema actual hay hombres y mujeres sufriendo en todos los espectros, en mayor y menor grado.

El feminismo me abrió las puertas del cuestionamiento, porque no podés dejar de ver situaciones de opresión en diferentes ámbitos, desde una publiciad, un impuesto rosa, un rol laboral, un abuso, una avivada o centenas de femicidios anuales en el país y el mundo. Y una vez que lo ves afuera, empezás a verlo hacia adentro, qué decimos, cómo lo decimos, de quién hablamos. Por qué decimos lo que decimos. Frases como “le hace falta un macho”, “llegó ahí por acostarse con alguien”, “si es artista es puto”.

El tema es que una vez que comenzas a cuestionarte, ¿Cómo puede terminar ahí la cosa? ¿No habrá otro sinfin de adoctrinamientos culturales que quizás no necesitábamos y no veíamos? (como cuando escuchas a alguien decir “negros de alma..” por ejemplo. Lo dejo ahí).

Mi siguiente etapa fue la sustentabilidad.

La crisis climática es real. Tenemos 12 años para salvar el planeta. No es un extremismo, no es hippismo, no es fake news.  Y nadie con el poder necesario está comunicando, ni alarmando ni tomándose el tema en serio. Te desafío a contar durante una semana la cantidad de bolsas de plástico que te dan en cualquier negocio. A aprender cuánto contamina que mezcles papel con desechos orgánicos, a averiguar cuáles fueron las cifras de los últimos estudios ambientales hechos por las Naciones Unidas, y de paso a saber las causas. Aceptar que somos todos y cada uno de nosotros parte del problema es el primer paso. Pero para poder caminar hacia la sustentabilidad necesariamente hay que buscar información, y entre tanta data algunas cosas las encontrás también sin buscarlas.

Hubieron tres frases que admito, me marcaron, me preocuparon, y a su vez me molestaron la primer vez que las leí.

Es solo una bolsa - 8 Billones de personas

Esto es la pura realidad, todos pensamos que no tenemos impacto, pero si todos pensáramos igual, – como lo hacemos cuando consumimos – podríamos hacer una diferencia. Por otro lado, ya somos un gran número de personas que sí estamos cambiando nuestros hábitos, por lo que hoy, tomarse el trabajo de reciclar, rechazar productos plásticos o innecesarios y reutilizar, es una corriente que crece, y a la que cualquier aporte realmente suma. La mayor cantidad de daño lo hizo la industria de la pereza, en su extremo están las personas que te venden una banana en una bandeja de telgopor cubierta de plástico film. ¿Tan necesario es?

Nadie puede ser ambientalista y comer animales

 

Retomando, esta frase me provocó un cortocircuito interno. Cuando empecé con el tema de la sustentabilidad seguía comiendo carne porque no era algo que me había cuestionado, entendía la circunstancia del plástico, me preocupaba la tala de árboles a nivel ecosistema, y me apenaba el tema de la contaminación, pero simplemente no había hecho el click. A modo gráfico y simple, la ganadería actualmente genera más gases invernadero que el sector de transporte. Y solo estamos hablando de contaminación y no de consumo de agua y otros recursos que podrían destinarse al 60% del planeta que – de paso – no tiene acceso a ellos.

Feminismo y veganismo son lo mismo

Acá admito que para mi fue un golpe bajo. Hasta este momento estaba muy orgullosa de mi deconstrucción al feminismo pero les veganes siempre me dieron una especie de rechazo – por ninguna razón en particular-  aunque hoy considero que fue netamente fundado por la cultura. Recuerdo que leí esta frase extrañada, haciendo el mismo gesto que cuando leo personas comparando al feminismo con el nazismo. Pero eventualmente -luego de un par de días-  la frase se decantó y me pegó. Así como pasa con el feminismo hay muchísimas personas mal informadas y otras que a propósito hacen mala prensa. Así también hay **extremistas** que llaman más la atención que otres haciendo causas puertas adentro. El veganismo extrapola el tema de el opresor y el oprimido a las especies que comemos. A las débiles, minimizadas e indefensas. Pensemos que literalmente las ingerimos. No solo es un acto de violencia sino de abuso, no hay “formas humanas” de matar un animal, no hay formas de justificar una proteína (que se puede consiguir de otras fuentes), o “el sabor de un quesito”, por el precio real que se paga: la vida de seres que traemos al mundo solo para ese propósito. Seres que sienten, que lloran, que se asustan, que si fueran tu mascota sentirían el mismo afecto que un perro. Sistematicamente se viola, se desampara, se maltrata, se sobrealimenta, se llena de químicos y hormonas y se matan especies, para nuestro consumo. Y este consumo realmente no es necesario. Descubrir la cocina vegana fue una puerta a un nuevo mundo para mi. Las posibilidades son infinitas. Si Los Simpsons se hubieran tomado el trabajo de informar un poco más en vez de generalizar que “no vives de ensalada” quizás hoy tendríamos menos bullying a la comunidad vegana y por otra parte más personas informadas al respecto de las opciones que hay.

El nervio que me tocó esta frase, es que como mujer, entiendo en mi día a día la opresión de nuestra cultura, sobre el cuerpo femenino, las expectativas de mujer, la femeneidad, la minimización intelectual, la fijación con la maternidad  y la familia y tantas otras cosas que están implícitas y que de a poco fuimos deconstruyendo. El verme reflejada como ente opresor en animales que no tienen la culpa de ser ellos, de no haber sido elegidos culturalmente mascotas, de no haber nacido perros o gatos,  fue un baldazo de agua fría. Los pollitos que nacen machos (y que por ende no puede fecundar) son mandados a la picadora porque son un costo negativo en mantenimiento, simplemente si no pueden generar huevos para la industria no sirven. Necesitamos entender que esto es un problema cultural. Es todo una gran red tejida por la industria, el capitalismo, los bienes de consumo.

Gran parte de lo que somos ni siquiera es lo que seríamos si no hubiéramos sido moldeados por los hábitos y costumbres de la ciudad o continente en el que nacimos. ¿En qué momento aceptamos ser cómplices de estos hábitos que solo dañan nuestro planeta y nuestros géneros, nuestra forma de pensar, nuestra forma de habitar?, ¿Qué beneficio real obtenemos a cambio de diezmar nuestros bosques y océanos?, ¿Por qué no nos estamos enojando lo suficiente? ¿A qué punto hay que llegar?

Es muy dificil reconfigurarse, es muy dificil aceptar que vivimos una vida construida sobre los cimientos de la publicidad, que venimos de generaciones necias, que estuvimos todo este tiempo muy mal informados, que aceptamos la comodidad de no reciclar y tirar todo en el mismo tacho.. “total..”, que nos da miedo el peso de rechazar “un asadito con amigos”,  es muy dificil aceptar que somos parte de todo el daño que hay. Pero si podemos empezar a cuestionarnos de dónde viene el valor que le damos a las cosas, ¿Se lo doy yo? ¿Me vino implícito con la cultura? si hubiera otra forma, ¿La adoptaría? si podemos empezar a informarnos un poco más, a pensar ¿Por qué me enoja tanto que otro prefiera no comer carne?, ¿Por qué necesito minimizar lo que dice?, quizás podamos tirar abajo de a poco esta cultura que nos enferma, que nos manipula y que nos miente.

Hoy preguntate, ¿Qué tanto podrías reconstruirte, despues de deconstruirte?. ¿Quién serías, si la cultura fuera diferente?

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